Sorprendente Porto

Porto, una de esas ciudades que marca, autenticidad, más fáciles de recrear en la mente gracias a ese halo entre decadencia y progresismo que rápidamente se graba en la memoria en el rincón de los sentidos si sabes captar su esencia.

Llegas a Oporto por primera vez y sientes que tienes que sentirlo, como símbolo reconoces su puente de Luis I y su Ribeira y te encaminas dejándote llevar por ese encanto especial; da igual el tiempo, da igual la hora, por un momento da igual incluso la compañía, cuando bajas esa calle algo empinada que te lleva a la parte superior de ese icónico puente esquivando en paralelo los raíles del tranvía, y de repente estás ahí…  Probablemente el tiempo, esa brisa, esa suave lluvia, haga las veces de ese misticismo que envuelve al momento en que te asomas y eres por primera vez testigo de su especial belleza.

Puente Luis I

En una sola experiencia, ya te has prendado de la ciudad cuando todavía es de día; llega la noche, sin duda el mejor momento para recorrer su Ribeira, las vistas desde abajo a cualquiera de sus lados son hipnotizantes, sin rumbo un paseo te desliza por un abanico de sensaciones que llenan tus sentidos, una conjunción de decadencia y modernidad que de nuevo hace que quedes prendado de la ciudad de los rabelos.

Vistas desde el Puente a la Ribeira

Porto significa puerto, y como tal desde sus inicios ha sido ciudad de celtas, romanos, árabes y castellanos. En algún lado leí que en la ciudad nunca se instaló la clase aristocrática del país ya que principalmente se caracterizó por el comercio y eso es algo que quizás la embellezca más por el hecho de no existir en ella grandes monumentos o altivos palacios que en ocasiones resultan  embaucadores de atención para dejar que te abrume la ciudad en sí.

Con su fama de ciudad liberal y progresista ha sido cuna de importantes poetas y escultores y es aún hoy que es posible notar esa esencia, gracias a artistas que lo siguen eligiendo para deleite de sus observadores. Existe un rincón de parada obligatoria, el Cafe Majestic, que nos traslada directamente a los años veinte;  para mí, toda su belleza está en ese intento por desplazarnos mentalmente a esos años del Art Deco con sus personalidades ocupando las mesas en las que fluían las ideas y las conversaciones; es sencillamente algo bonito de imaginar.

Sin duda recorrer sus calles es el mejor deleite una vez has resultado ya atrapado por la ciudad; encontrarse con las emblemáticas fachadas de azulejos azul y blanco; iglesias, muchas iglesias; las vistas desde muchos de sus rincones y la maravillosa Estación de São Bento y el pintoresco y característico Mercado de Bolhao; muchísimos lugares que ver, unos aparecen en todas las guías, otros se van descubriendo, con suerte descubres rinconcitos como la Antiga Casa Ze Da Guida, el lugar es cuanto menos llamativo,  por su ubicación sobre todo, sentarse y disfrutar de su delicioso pescado con esas vistas tiene un encanto sumamente especial; como especial es visitarlo justo la última noche en este sorprendente destino, ese paseo de vuelta a la orilla del Douro cerrando el recuerdo de viaje con la misma sensación con que se abrió.

Pintorescas casitas
Precioso Porto

Como citó Nicolás Bouvier, “uno cree que va a hacer un viaje, pero enseguida es el viaje el que le hace a él”.

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