Hoy más que nunca, deseabilidad social

Sinceramente desde uno mismo, desde que nos despertamos por la mañana para afrontar el día, desde que planificamos en nuestra mente todo lo que no sea para nuestro propio disfrute, o incluso siéndolo es igualmente extrapolable al juicio o pensamiento de otros, porque prácticamente todo el mundo disfruta un momento de reconocimiento social en algún aspecto de su vida.

Hay diferentes grados, como hay diferencias entre cada persona, pero si nos paramos a analizar hay pocas personas a nuestro alrededor que no puntúen de alguna forma en deseabilidad social. Somos seres sociales por regla general lo que conlleva a una necesidad de sentirnos deseados socialmente. Básicamente se trata de encajar en el grupo, creando claro está, cada persona en su mente ese ” grupo diana” en el que encajar.

Podría ser algo adaptativo, por esa necesidad, pero solamente de base, y es que como todo, el mundo evoluciona y lo que antes resultaba interesante para la supervivencia de la especie, ahora puede resultar en algunos casos si no patológico, llamativo al menos.

Desde lo que queremos proyectar con nuestra propia imagen o con nuestros bienes, hasta nuestro comportamiento en determinadas situaciones. La mayoría de veces somos conscientes de ello, otras en cambio, parece que no nos queremos creer que nuestras acciones estén dominadas por el pensamiento de que pensarán los demás precisamente, porque la frase de “lo que digan los demás está demás” está a la orden del día. Pero sin engañarnos, nunca está demás en todas y cada una de las parcelas de nuestra vida; ya que empezando por nosotros mismos muchas veces optamos por lo que creemos será lo más correcto, y no nos lo está dictando precisamente la conciencia.

La verdad es que desde el momento en que nacemos, sonreímos adaptativamente con la única pero gran intención e incentivo de asegurar nuestra propia supervivencia, ya desde bebés intentamos ser socialmente deseables.

Pero la deseabilidad social tiene dos caras. Igual que cualquiera puede percibir ese grado que parece que muestra una persona, no es tan fácil el ver la repercusión que la respuesta social tiene ante cada uno , y es que aunque se hable de una definición general, la manera en que a cada persona le repercute lo que perciben los demás va desde un simple feedback positivo o negativo hasta una verdadera evaluación que determina el comportamiento futuro.

Tristemente algo que probablemente yace intrínseco en los orígenes del ser humano como animal social, hoy en día ha evolucionado a funcionar como un mecanismo inquisitivo para algunos en ambos sentidos.

En la mayoría de ocasiones la sociedad marca lo que es más deseable y es entonces cuando este mecanismo se convierte en un arma de doble filo. Aunque como previamente se comenta, la deseabilidad social influye en todas las parcelas de la vida, existen estudios que han obtenido conclusiones tan tristes como que una buena apariencia despierta antes la empatía del que tienes enfrente con todo lo que ello conlleva. Es eso entonces una conducta deseable?

La verdad es que todo lo anterior escrito no corresponde a la definición real de deseabilidad social, ya que este es un término que se acuñó en psicología social para describir la tendencia con la que los sujetos experimentales respondían o actuaban conforme a lo que el experimentador esperaba. Pero para más aclaración sí existen autores que lo acuñan de una manera similar a la descrita:

Por deseabilidad social se entiende la tendencia de las personas a presentarse ante los demás de una forma adecuada desde el punto de vista social, es decir, de la forma más valorada socialmente (Crowne, 1979)(Briñol et al., 2001).

Y lo que resulta más interesante aún:

La investigación realizada en el campo de la persuasión muestra que los sujetos que tienen una alta deseabilidad social son más fáciles de persuadir, especialmente usando incentivos […] Más específicamente, en situaciones de conformidad, las personas que tienen alta deseabilidad social tiende a ceder con más facilidad a la presión de los demás, especialmente cuando se percibe a la fuente de persuasión como un experto (Briñol et al., 2001).

Según todo esto, qué está pasando entonces? Es fácilmente deducible que tendemos cada vez más a responder en nuestra vida en cada uno de los ámbitos según las convenciones sociales más extendidas; porque todo resulta ser ” la pescadilla que se muerde la cola”, el escaparate constante al que estamos sometidos hace que cada vez crezca más esa necesidad de aprobación sin darnos cuenta, y con ello esa facilidad de persuasión y con ello….

Así que hagamos caso a Mafalda y su sabiduría y démonos cada uno cuenta de que ” si uno no encaja en el mundo en que nació, entonces nació para crear un mundo nuevo “, o en su defecto, su propio mundo.

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