Exótico Fes

El solo hecho de saber que vuelas a otro continente, hace que a tu mente se le ofrezca de alguna manera esa connotación de exótico, y aunque en realidad no se trate de un viaje lejano, desde el momento que pisas tierra sabes que no te has equivocado.

Marruecos es uno de esos destinos lleno de destinos en sí mismo. Es uno de esos países en los que la sensación de lejanía te envuelve estés donde estés. Será por la diferencia de cultura, la diferencia de paisajes, la diferencia en sus gentes.. Es también uno de esos destinos de los que hay personas que vuelven sin ganas precisamente de volver. Porque eso es lo que pasa con Marruecos, si conectas con el país volverás, seguro que volverás.

Dicen de Fes, que de entre las ciudades más importantes de Marruecos, esta es la que más recrea su esencia. Su embaucadora medina hizo que la Unesco la declarara Patrimonio de la Humanidad;  y no solo por todo lo que simboliza, una vez estás allí sabes que el término visitar se queda corto frente a un gran experimentar,  y es que las descripciones no logran hacer justicia a las sensaciones.

Desde el instante en que tus pies aterrizan, puedes preveer que lo que acontecerá  a partir de ese momento va a ser cuanto menos diferente a otros destinos. El simple hecho de coger un taxi intuyes que va a resultar una hazaña y no porque sea una tarea difícil sino porque absolutamente todo en el lugar es singularmente autóctono.

Bajas del taxi no porque has llegado a destino, no porque sea el sitio donde te vas a hospedar sino porque has llegado a la medina y ahí comienza la aventura, maravilloso laberinto. Todo y con todo quiero decir todo a partir de ese momento se torna objeto de tu atención.

Es fácil perderse porque de puertas para afuera todo resulta igual o muy parecido, y esa es precisamente una de las maravillas  que esconde este destino, prohibido prejuzgar, prohibidos los prejuicios, porque si de algo te das cuenta es que aunque se percibe obviamente ese celo por la propiedad en todos sus ámbitos, resulta agradablemente sorprendente el encontrarse con lo inesperado de puertas para adentro.

Fes, perfecto destino para ir sin guía y perderse y encontrarse en su medina, porque como en todos los laberintos al final te encuentras, y es que, no solo te encuentras tú, sino que en tu camino vas descubriendo rincones, calles y su característica cotidianidad se sucede ante tus ojos. Prácticamente todo llama la atención de tu cámara.

De repente llueve, y llueve bien, miras los montes verdes del fondo bajo un cielo teñido de gris  y vuelves a mirar sus calles y todo se torna más real, desaparece ese escenario creado para turistas para dar paso a una ciudad de verdad incluso dentro de la medina, es una verdadera suerte estar allí en ese momento.

Sus no tan imperiosas puertas, las simbólicas tenerías, el ambiente religioso que se respira con la llamada a la oración, algo que para quien no está acostumbrado a escucharlo resulta verdaderamente  estremecedor. Es un destino especial.

Todo la anterior contrasta con el exterior, el verdadero Fes, un caos que resulta igualmente pintoresco y donde aunque la magia como tal desaparece, es igualmente capaz de sorprender.

Cuando el final del viaje llega, como en todos los demás destinos el sentimiento de nostalgia ya te sobrecoge en el momento que pisas el aeropuerto para tu vuelta, pero esta vez es diferente, no es un adiós definitivo. Y es que si conectas con Marruecos, sabes que volverás, seguro que volverás.

 

 

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