Disonancia cognitiva, mecanismo de diario

Disonancia cognitiva, en mi opinión el mecanismo más acertado de cuantos destapa la psicología, porque hay conductas esenciales para la vida que se encargan de que las necesidades vitales estén cubiertas, pero no hay que olvidar que un equilibrio psicológico es la base para que todo vaya por el  camino, al menos, subjetivamente correcto.

Tan esencial es que nuestro cerebro esté en equilibrio, que un desequilibrio de éste nos puede llevar a un destino que no figuraba precisamente en nuestros planes, y es que al final somos todo o casi todo química. Es inútil  pensar lo contrario, y no es sólo un quiasmo literario el decir que todo siempre tiene un por qué y/o que siempre hay un por qué para todo; en lo que a la conducta humana respecta, vamos a respetar que existen dos bases que rigen nuestros actos, por un lado la química pura, en lo que a nivel hormonal se refiere básicamente, y por otro el cumplimiento o no de los valores que hemos ido adquiriendo y que modelan nuestra personalidad; y es que habría un tercer pilar que es el temperamento, pero con éste por suerte o por desgracia, ya nacemos.

Pues aunque parezca que somos completamente dueños de nuestros actos, la experiencia personal de cualquiera le puede enseñar que no es difícil salirse de un pensamiento en lo que a una acción se refiere; una desviación, grande o pequeña, pero al fin y al cabo, algo con lo que nuestro cerebro no contaba y para el que el único o a veces sólo último agente causal hemos sido nosotros mismos. Ahí, en ese momento en que nuestro cerebro entra en conflicto aparece la bien denominada disonancia cognitiva.

El llevar a cabo una acción que en nuestra cognición estaba algo así como negada, hace que en nuestra cabeza estalle una especie de altercado mental que rápidamente y como seres inteligentes que somos, nuestro cerebro  se ve en la obligación de solucionar. Porque es sino en este momento en el que el siguiente pilar, que contábamos con que estaba perfecto de base, junto con el tercer agente que es nuestro temperamento y  personalidad, puede provocar una explosión hormonal que traerá consecuencias, más grandes o más pequeñas pero seguro seguro que las traerá.

No hace falta que el desencadenante sea un algo súper trascendental en nuestra vida; desde el porque me coma un trocito más..hasta el yo nunca jamás..  y es que la nimiedad más absoluta en ese momento en nuestra mente tiene que ser defendida, de forma en que la decepción por nosotros mismos no nos sucumba y caigamos en unos bajos niveles de alguno de esos neurotransmisores que tan malas, ( y buenas) pasadas nos juegan.

Por algo el dicho de “nunca digas nunca jamás” y es que nuestro cerebro de especie nos tiene tan bien calados que él mismo ha desarrollado el mecanismo que nos salva del caos total de indefensión personal en un momento en el que ni tú eres capaz de dar crédito a tus actos a veces.

Aunque de todo esto en realidad no nos enteraremos, pues sino no funcionaría bien el mecanismo, ya que no es tanto una excusa sino una forma de sobrevivir a nosotros mismos.